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lunes, 7 de abril de 2008

El recuerdo de Lucho Olivera

Hablar de Ricardo Luis Olivera, mejor conocido por Lucho, en el mundo historietístico es referirse a un grande de la historieta nacional. Tengo muchas anécdotas para contar sobre él, pero éste no es el lugar para hacerlo. Diré sí, en cambio que tuve el honor de escribir para su magistral pincel series como El Sobreviviente, El Hitita, Hércules, En Tiempos de Salomón, Odisea Marciana, etc, así como numerosos episodios unitarios, tanto para Editorial Columba como para la Eura Editoriale de Italia. Creador gráfico de Gilgamesh y Nippur de Lagash, dos personajes emblemáticos, desarrolló numerosos personajes que viven en la memoria de millones de lectores. Su fallecimiento dejó un vacío que nadie podrá ocupar jamás. Los grandes nunca mueren y Lucho sigue viviendo en la reedición de sus trabajos y en las revistas que los "fans" atesoran como oro puro.


















A continuación, un reportaje que le efectué y , parte de él, se publicó en la revista SOLDADOS Nº 85 (diciembre 2002).




REPORTAJE A LUCHO OLIVERA

En los últimos días invernales de este milenio tengo la oportunidad de entrevistar a un grande de la historieta argentina. Se trata, nada menos que de Lucho Olivera. Los que alguna vez han tenido un Tony, un D´Artagnan o un Skorpio en la mano saben seguramente de quién les hablo. Y los que no lo saben, mala suerte para ellos, porque se lo pierden. Lucho pertenece a esa extraña categoría de dibujante metafísico, esto es, que muchos de sus personajes trasuntan un torturado mundo interior que a veces parece querer escapar del encierro de los cuadritos de historieta para asumir su identidad en un mundo que es tan real, en su miedo y su horror como el mundo en que vivimos. Ahí están, por ejemplo esas dos obras maestras suyas: Nippur de Lagash y Gilgamesh, el inmortal (esta última creación suya en el año 1970 para la revista D´Artagnan con guiones de su propia autoría y que luego fuera reescrita por Robin Wood dándole así el merecido soporte de la fama).




Lucho nos recibe en su cómodo departamento del barrio de Palermo y el diálogo, riquísimo (no podía ser de otra manera) se prolonga hasta la llegada del crepúsculo.

ARMANDO FERNÁNDEZ: Dame tus datos básicos, por favor.



LUCHO OLIVERA: Ricardo Luis Olivera, nacido el 25 de mayo de 1943 en la capital de Corrientes.


AF: Tu padre fue militar...



LO: (muestra algunas fotos del álbum familiar) Sí, se llamaba Virgilio Andrés y llegó al grado de mayor en intendencia, se retiró en 1971 , pasó por el 9º de Infantería de Corrientes, estuvo en Curuzú Cuatiá y en Mercedes en 1960 , fue transferido también al Estado Mayor y luego prestó servicios en el Regimiento 1 de Patricios.



AF: Lucho, sé que tu carrera artística es prolífica y exitosa, ¿que tal si me la relatás cronológicamente?



LO: Bueno... es un placer recordar las cosas que lo gratifican a uno, porque el dibujo para mí no sólo es trabajo o arte, también es gratificación. Ahí va... A los diecinueve años llegué a publicar mis primeros trabajos en las postrimerías de Editorial Frontera, hice unitarios con guiones de Oesterheld y un par de tapas. Luego colaboré en Vea y Lea y en Leoplán donde comencé a ilustrar cuentos, entre ellos, de autores como Adolfo Pérez Zelaschi. Esto fue del '62 al '64, al final de este último año entré en Misterix que por entonces era dirigida por Hugo Pratt (luego creador del legendario Corto Maltés). Allí desarrollé "Legión Extranjera", yo tenía toda la parafernalia de las armas encima (las historietas bélicas siempre fueron mi pasión) debido sin duda al reflejo del mundo militar en que se desempeñaba mi padre. Otros que dibujaban a mi lado eran Dalfiume y Lito Fernández, gente que luego daría mucho y bueno que hablar en el mundo de la historieta... y en 1965 llegué a Editorial Columba...



AF: Y ahí conociste a Robin Wood...



LO: No. Había conocido a Robin en Vea y Lea, parábamos en los boliches cercanos al hipódromo y no nos cansábamos de hablar de historieta. De esta amistad emergería en 1976, hace más de treinta años, Nippur, el errante sumerio de Lagash. Recuerdo que con 42 grados de calor dibujé "Historia para Lagash", su primer episodio...



AF: Nippur es un personaje capital en la historia de nuestra historieta nacional. Contame cómo fue concebido... se han dicho tantas cosas por ahí...



LO: (Se sonríe) Bueno... Como podés ver yo tengo una nutrida biblioteca y los temas de la antigüedad me fascinaron siempre. Aquí abrevó Robin. Yo, que había leído "Sinhué, el egipcio" de ese coloso llamado Mika Waltari se lo presté y le dije "¿Por qué no escribís sobre un guerrero?" En "Sinhué" está todo el mundo del antiguo Egipto, sus enemigos hititas... en fin...



AF: Vos hiciste El Hitita, también... ¿no?



LO: Sí, pero esa serie tenía guión tuyo, que también sos amante de mundos antiguos y guerreros. Con vos hicimos Hércules, El sobreviviente, En Tiempos de Salomón y algunas bíblicas...



AF: Vos creaste el primer Gilgamesh ¿verdad?



LO: Verdad, Fue en 1970 para la revista D´Artagnan, salía en blanco y negro en ese entonces. Pero el que trascendió fue el que escribió Robin Wood.



AF: Gilgamesh te dio una fama inusitada. Hablame del personaje ya que sos su creador gráfico y lo supiste impregnar de un halo de tragedia y de profunda reflexión sobre la muerte y la condición humana...



LO: Tenés razón. Así como Nippur era un errante, también lo es Gilgamesh. Un episodio de los primeros que no puedo olvidar es cuando el héroe está inmerso en una sangrienta batalla y descubre el pánico, el horror ante la certeza de la muerte que puede llegar en cualquier momento. Ese mismo pánico le hace abrirse paso con terribles mandobles entre sus enemigos y luego del combate se jura que la muerte nunca lo alcanzará (una utopía que todos tenemos). Gilgamesh logra ser inmortal, pero el hecho de convertirse en un semidiós no lo libra de tener un alma humana. Por eso busca... busca respuestas a preguntas que tampoco tiene muy claras. ¿Donde está Dios? ¿Quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos? ¿Cuál es el sentido de nuestro paso por este mundo? En fin... la carga filosófica que tiene esta serie es, por momentos, abrumadora... y yo, con tinta y pincel traté de darle toda la emotividad posible porque era el primer conmovido al leerla.



AF: Perturbador lo que dijiste... Bueno, ¿qué más hubo en tu carrera artística?



LO: Mucho. En 1975 trabajé para el "King Feature Sindicate" norteamericano, lo hice con "Dick, el artillero", una historieta deportiva, y me tocó reemplazar nada menos que al maestro José Luis Salinas. En 1976 comienzo a trabajar con Ediciones Record, allí ilustré "Galaxia Cero", "Yo, Ciborg","Planeta Rojo", "Ronar”. En 1978 volví a Columba con Gilgamesh, luego hice Wally, El Púgil, El Alquimista y muchas, muchas unitarias. Actualmente trabajo para Italia.



AF: ¿Y cómo te llevás con el "parque jurásico" patagónico?



LO: (Se ríe y me muestra unas tiras de dibujos) Muy bien... te aseguro que lo que se está descubriendo por esos lados va a dar mucho que hablar en el mundo... Éstas son tiras que hago para el diario "Río Negro"... El personaje es un paleontólogo llamado Pepe Moreno (por el perito Moreno) que lucha por evitar que nuestras reservas arqueológicas sean saqueadas. Hago la serie desde 1997 y ya llevo más de ochocientas tiras dibujadas...



AF: Con todo este trabajo... ¿cuándo dormís?



LO: “Para dormir tienes la eternidad", decía el poeta persa Omar Al Khayam...



AF: No quisiera despedirme de vos sin llevarme un concepto tuyo sobre la historieta.



LO: Para mí, la historieta es el arte de la rotulación y de la obviedad porque la historieta explica todo teniendo texto e imagen. De modo, que a mi entender, la explicación es absoluta...



La noche ya pinta con trazos gruesos la bóveda del cielo. Me voy. Dejo atrás a un artista llamado Lucho Olivera, alguien que seguramente, volverá a atrapamos con el duende de sus ilustraciones en el comienzo de este nuevo milenio que ya está a la vuelta de la esquina...






Una perlita. Nippur de Lagash en una revista alemana de historietas.
































Presentación de Hércules, en El Tony. Editorial Columba

jueves, 27 de marzo de 2008

La historieta histórica como atractivo para los lectores

Mis guerreros favoritos

Muchos son los guiones de historieta, que me tocó redactar en mis cuatro décadas de profesionalismo (unos 5.000, diría yo), y buena parte de ellos correspondieron a producciones de tono épico, es decir, historias de guerreros. Robin Wood, ese gran maestro que triunfó en la historieta argentina, solía decirme "Mirá, Armando, nadie puede, en este oficio, llegar a ser un profesional completo, sino tiene una visión bastante completa de la historia universal". Y era cierto. En mi caso, felizmente cierto, porque la historia universal (y la argentina) siempre resultaron temas de mi predilección.































Así, nacieron en mi máquina de escribir (por ese entonces, les recuerdo, no existían las computadoras personales) Argón, el Justiciero, (que muchos años después tomaría a su cargo, el gran maestro Héctor Germán Oesterheld) y cuyo primer episodio fue ilustrado por Sergio Mulko. Tal episodio se llamaba "Quince monedas de oro". A partir del segundo episodio, lo tomó Enrique Villagrán, quien, con el seudónimo de Gómez Sierra, lo ilustraría por muchos años. Más tarde, lo graficó su hermano Carlos, que lo continuó con el seudónimo de Bill A. Grant. Argón era un general macedonio bajo las órdenes de Alejandro Magno y su saga más importante fue, siguiendo a este gran conquistador occidental, a través de Persia y la India.
















Bajo el pretexto de aventuras ficticias, estaba el enorme fondo histórico de aquellos tiempos. Eso fue motivo de discusión con una docente, durante una de las tantas exposiciones de historietas, en que participé. La buena señora murmuró que: "las historietas eran dañinas para los niños" y yo, que estaba al lado y no pude con mi genio le repliqué: "Eso era en parte cierto, cuando el mensaje que se trasmitía no era moral ni edificante" y la invité a ver planchas de Argón que se exhibían, le expliqué los lineamiento del personaje y la buena mujer quedó maravillada. "De este modo, los chicos pueden encontrar más atractiva la historia", descubrió. Y era absolutamente cierto. Realicé unos cuatrocientos guiones para Argón, mi primer personaje, de hacha y espada.
















Otro que creé, fue Kabul de Bengala, dibujado por Horacio Altuna (que luego también continuaría Oesterheld, siendo estos dos personajes, junto al policial Tres X la Ley, ilustrado por Marchionne, las únicas series que no eran de su creación, y que el gran Maestro de Maestros, continuaría, en su extraordinaria y prolífica carrera) Debo decir, que para un admirador como era yo, de HGO, esto lo he sentido siempre como un verdadero orgullo.








Otros guerreros llegaron, y para quedarse: Rodwin de las Galias, fue uno de ellos, ilustrado por el maestro oriental, Miguel Castro Rodríguez y con algunos episodios dibujados por otro ilustrador, que también sería en el futuro, un gran maestro, me refiero a Rubén Meriggi, por entonces, un adolescente que concurría a mi casa, con sus sueños, su enorme talento y sus ganas de trabajar.
















Tambien con Sergio Mulko dimos vida a Dyinn y La Sombra del Tigre, una historia de samurais.








Me tocó heredar Wolf y Troels, (ambos creados por Robin Wood) a los pocos episodios de haberles dado vida. A estos dos personajes los ilustraba, quien sería un verdadero "monstruo" de la historieta argentina, me refiero a mi amigo, el malogrado y querido "turco" Jorge Zaffino. A Wolf, luego lo continuaría Rubén Meriggi, en tanto que Troels conocería en sus tramos finales, el incipiente pincel del luego gran maestro Sergio Ibáñez (por entonces, ayudante de Jorge Zaffino).
















De Robin Wood me tocó redactar varios episodios del gran Nippur de Lagash y también hacerme cargo, por mucho tiempo de El Cosaco, que por entonces ilustraba Carlos Casalla y luego continuó Rubén Furlino.








Con el gran maestro Lucho Olivera (Luis Ricardo Olivera), dimos vida a El Hitita (creado como contrafigura, pues no era desconocido para los lectores, que los hititas fueron siempre los grandes enemigos de Nippur). Otras series de guerreros realizadas con Lucho, fueron El Sobreviviente, En tiempos de Salomón y Hércules, donde trasladamos en el lenguaje a cuadritos de la historieta, las hazañas del mitológico semidiós griego, relatando, incluso, hasta su muerte.








Cierro esta nota, recordando que también realicé la adaptación de la película Conan, el bárbaro, para la revista D´Artagnan, en seis episodios. La ilustró otro gran profesional uruguayo, Eduardo Barreto en su primera colaboración para la Editorial Columba.
Muchos guerreros, mucha aventura recorrida, la que sin duda, los fieles lectores de Editorial Columba, atesoran entre sus mejores recuerdos.